Empecemos por el título. A veces lo primero que me viene a la mente es un título y luego un pequeño argumento del que sólo conozco tres o cuatro líneas. La imaginación es fantástica y suele ir más rápida que tus ganas de escribir o el tiempo que tienes para hacerlo. Así que escribo el título en un papel, voy al ordenador escribo las ideas principales del cuento o novela y luego meto el título en un pequeño baúl que me regaló mi hija hace un montón de años.
También puede que esté en un sitio determinado y mi mente empiece a montar una historia, por ejemplo con una buena amiga en un concierto de Bach en la Colegiata de Santa María, en A Coruña. Si no tengo la libreta a mano que suelo llevar para estas ocasiones, da lo mismo, le pido a mi amiga un bolígrafo (que se que lleva encima) y escribo lo que se me ocurre en el programa de mano del concierto. Cuando llegue a casa ya lo escribiré en la libreta. Más tarde usaré esto para el inicio de un relato o para una escena del mismo.