sábado, 12 de octubre de 2019

Natakallam 'Arabi Hablemos Árabe de Marco Criscuolo - Prólogo

Orígenes y difusión de la lengua árabe

La lengua árabe estándar pertenece a la familia de las lenguas semíticas, a la que también pertenece el hebreo, el arameo, el fenicio y otras lenguas habladas en tiempos pasados en los países del Mar Mediterráneo meridional, en Oriente Medio y en la Península Arábiga. Justo en esta última, en La Meca, se ha transmitido de generación en generación que los miembros de la familia reinante en esta ciudad, los Quraysh, hayan sido los primeros en hablar árabe. Esta es la razón por la cual el Corán fue escrito en esta habla local, que era el idioma del profeta Mahoma, mecano de nacimiento. Esta forma lingüística semítica, mecana, clara y elegante, deriva de la versión utilizada en la magnífica poesía pre-islámica de los tribunales arábicos antes de la llegada del Islam. Cuando el Corán fue escrito, a continuación, se le añadieron puntos diacríticos y movimientos vocálicos así como tonalidades y pronunciaciones estandarizadas para la lectura.

Entre el siglo VII y el siglo XII la lengua árabe se difundió a raíz de las  conquistas árabes en todo el Oriente Medio hasta los confines de la lejana Persia y del Norte de África, donde se yuxtapone a los idiomas locales, hablados por los nativos beréberes.

A través de los siglos la importancia de la lengua árabe crece cada vez más hasta convertirse, en nuestros días, en la lengua oficial de los veintidós países que están adheridos a la Liga Árabe. Además, es una de las lenguas oficiales de dos importantes organizaciones internacionales: la ONU y la Unión Africana.  Como consecuencia el árabe lo hablan un gran número de personas, más de trescientos millones, que viven en el norte de África, en el Oriente Medio y en la Península Arábiga, donde es la lengua oficial de 22 países. Estos países son: Egipto, Libia, Túnez, Argelia, Marruecos, Mauritania, Somalia y Sudán en África; Siria, Líbano, Jordania, Palestina, Irak, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahrein, Omán y Yemen en Asia. A estos hay que añadir 8 países en los que es la lengua oficial, pero no es hablada por todos los habitantes, que son: Islas Comores, Chad, Yibuti, Eritrea, Israel, Malí, Níger y Senegal.

No nos olvidemos, además, que, como resultado de grandes migraciones hacia Europa, América y Oceanía, nutridos grupos de árabes, establecidos aquí desde hace generaciones continúan con su tradición lingüística que asegura la presencia del árabe en cada país del mundo.

Cabe señalar, también, que un gran número de personas comprenden el árabe por ser la lengua del culto islámico. La tradición islámica, de hecho, considera el árabe la única lengua que se puede utilizar para los ritos litúrgicos, ya que en ella fueron revelados sus textos sagrados. No debemos olvidar, sin embargo, un discreto número de árabes de religión cristiana, los cuales usan, igualmente, la lengua árabe estándar para el culto y las lecturas religiosas.

Importancia del árabe en nuestros días

Conocer el árabe es muy importante en nuestros días, por muchas buenas razones. Por el elevado número de sus hablantes, para empezar. El árabe, de hecho, es la sexta lengua más hablada en el mundo, incluso más que el alemán y el francés. Además es la lengua oficial de los países que están adheridos a la Liga Árabe, pero también una de las lenguas oficiales de las Naciones Unidas y de la Unión Africana. A esto se añade que el árabe es la lengua litúrgica para más de mil millones de musulmanes, pero asimismo para muchos árabes de religión cristiana.

Otras razones de carácter práctico, por las que sería oportuno conocer el árabe, podrían ser, por ejemplo, un trabajo o un curso de estudios que realizar en un país árabe. Además de esto, conocer el árabe puede ser útil para leer las señales de tráfico, los anuncios publicitarios, los periódicos y los libros, seguir los programas de televisión, comunicarse con los compañeros árabes y con la gente de los lugares turísticos visitados. En particular el conocimiento del árabe puede ser útil a quien trabaja de periodista o de diplomático, en el comercio internacional, en la industria, en las finanzas, en las leyes, en la educación y en las compañías aéreas. Además, los acontecimientos internacionales de los últimos años continúan a estimular el interés de muchas personas para conocer algo más sobre los países árabes, sobre su cultura y su historia y, en consecuencia, se advierte la necesidad de aprender la lengua.

El conocimiento de la lengua árabe es indispensable para estudiar el inmenso patrimonio cultural, histórico y literario de los Árabes. Desde sus inicios, en el siglo VII, el árabe era, y continúa siendo, la lengua en la que han sido escritos famosos e importantes textos de literatura, química, filosofía, medicina, matemáticas y ciencias, que tanto éxito tuvieron en Europa, influenciando incluso a nuestra cultura, tanto en el aspecto cultural como en el lingüístico.


La diglosia en el mundo árabe

Si hablamos de lengua árabe no podemos dejar de referirnos al tema de la diglosia. La lengua árabe, en su sentido más amplio, de hecho, establece una distinción entre la Lengua Literaria Moderna o Árabe Moderno Estándar (MSA) y las variedades dialectales, conectadas a la zona de pertenencia, diversamente influenciadas por lenguas de substrato y por las otras lenguas derivadas de la influencia colonial. El hablante nativo árabe aprende, desde la infancia, la variedad lingüística dialectal de su tierra natal viviendo, por lo tanto, sus primeros años de vida en una condición de dialectalismo, que enseguida se transforma en diglosia. El Árabe Moderno Estándar, de hecho, se aprende más tarde en la escuela, pero también gracias a muchos programas educativos de la televisión, ideados a propósito para instruir a los más pequeños.

Por lo tanto un arabófono usa el MSA:
-Para leer: documentos personales, certificados, libros, periódicos, cartas…
-En los discursos políticos, en contextos formales.
-En los debates, conferencias y ritos religiosos, ya sean islámicos ya cristianos
-En las lecciones de la Universidad
-En los telediarios y en los programa radiofónicos

Usa, en cambio, la variedad dialectal de su propia tierra cuando:
-Habla con los familiares, los amigos y los compañeros de trabajo, en contextos informales,
-Escucha la mayor parte de las canciones modernas
-Se dirige a los camareros, comerciantes, empleados, etc., en conversaciones informales;
-Mira películas, producciones de televisión y teatro locales.

Resulta interesante saber que, cuando se encuentra lejos de su país de origen, un arabófono nativo podría tener que acabar hablando con árabes nativos de una variedad dialectal diferente de la propia. En tal caso la conversación se acercará al MSA compartido o se adopta el dialecto que se cree es más prestigioso, es decir aquel de la capital o aquel de Levante y de la Península Arábiga.


LOS DIALECTOS ÁRABES se subdividen geográficamente de la siguiente manera:
1-      Dialecto Egipcio y Sudanés: hablado en Egipto y Sudán
2-      Dialectos de Levante: hablados en Jordania, Líbano, Siria y Palestina.
3-      Dialectos del Golfo: hablados en Irak, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Omán, Kuwait, Bahrein, Qatar y Yemen.
4-      Dialectos del Norte de África: hablados en Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania


Jefe de obra de Michele Accattoli - Primeras páginas


A vosotros, jefes de obra, os digo que debéis ser, sin ninguna duda, los promotores de la obra; la mente impersonal de vuestro jefe, al que dar seguridad y serenidad a fin de que en la obra que coordináis todo marche a la perfección, nadie se lamente, los equipos trabajen sin problemas, y sobre todo los trabajos se conviertan en aquello que la empresa había predeterminado en la fase del presupuesto.
Una vez definido esto, tendréis bien claro vuestro objetivo: convertiros en un perfecto jefe de obra...
La importancia de una figura de este tipo no viene dada sólo por la coordinación de la obra, sino sobre todo por la capacidad de poder ser un buen interlocutor entre los clientes, el titular de la empresa, la administración y los obreros.
Vuestras capacidades deberán ser: dinamismo y sentido de adaptación. Es por esto que deberéis estar abiertos para recibir consejos y hábiles al decidir la mejor elección que producirá compensaciones en la empresa para la que trabajáis. Deberéis estar preparados para planificar los trabajos futuros y, sobre todo, ser decididos y estar seguros de vosotros mismos sobre el terreno. Tener una visión clara del trabajo que hay que llevar a cabo y saberlo programar con anticipación (al menos 3 meses): es esto lo que debe hacer siempre un buen jefe de obra.
En los siguientes capítulos os explicaré las distintas conexiones entre los trabajos, los calendarios y las informaciones necesarias para elaborar el crono programa; un importantísimo instrumento que, si es cumplimentado con la debida atención, será uno de vuestros mejores aliados.

Un día cualquiera
Aunque os resulte extraño, bastan 30 segundos para comenzar la jornada de la manera adecuada; el tiempo necesario para estimular la glándula pineal (glándula que trabaja en función de los ciclos luz/oscuridad liberando dos hormonas principales: serotonina y melatonina).
La serotonina es activada por la luz y he aquí algunas de sus funciones:
1) Nos vuelve atentos y vigilantes;
2) Estimula el aprendizaje y la memoria;
3) Aumenta la consciencia y la concentración;
4) Regula el equilibrio emocional y estimula el buen humor;
5) Estimula la fisiología del cuerpo y la coordina con el nivel energético.
¿Cómo estimular, por lo tanto, la glándula pineal?
Basta con que la primera cosa que hagáis por la mañana sea esta: abrir las ventanas y dejar entrar la luz. Non sólo dentro de la habitación, sino, durante unos treinta segundos, incluso dentro de vosotros mismos; permaneced allí, a la luz (probadlo, no cuesta nada).
Esto es necesario, en la obra, todos los días, se debe planificar cada cosa, poniendo siempre todo por escrito; incluso el más pequeño trozo de papel cuenta y debe ser conservado en el archivo de la obra. Estos apuntes serán muy útiles para elaborar la contabilidad de fin de mes.
Como jefes de obra deberéis llegar siempre antes para dar una vuelta por la obra y comprobar que todo está como se dejó la noche anterior.
Acabado el recorrido de control hablad con el equipo, intentad organizarlos enseguida, ajustad la jornada como la habéis pensado, escuchad las posibles objeciones que, si son justas, pueden volverse útiles en futuros trabajos, (a veces quien ejecuta manualmente el trabajo ve mejor los problemas e intuye cómo resolverlos).
Id con el equipo al lugar de trabajo, nunca dar las indicaciones por teléfono o alejados del desarrollo de los trabajos.
Debéis ser la figura de referencia en la obra y por tal motivo vuestra presencia será fundamental ya sea al comienzo (momento dedicado a la explicación de los trabajos), como durante la ejecución (momento dedicado a la supervisión y al control de los trabajos) intentando dar seguridad a quien trabaja bajo vuestras directivas.
No deis nunca demasiada confianza a los obreros, a los proveedores y a los inversores, porque puede suceder que, en el momento en que debáis imponeros sobre ellos, por un trabajo, os sentiréis culpables y llegaréis a compromisos fáciles que no rendirán económicamente lo que habíais previsto.
En la oficina (la barraca de la obra), llevaréis a cabo los trámites rutinarios que serán:
1) Compilar el diario de los trabajos;
2) Organizar y desarrollar el trabajo técnico (llamadas, contabilidad, presupuestos, ofertas, programar los trabajos, diseñar, etc.,);
3) Mantener en orden la obra, aunque seamos unos desordenados, al menos para dar buen ejemplo. A última hora de la tarde deberíais saber ya qué hacer al día siguiente y actualizar para vosotros y para el resto el programa laboral, que por lo general ha sido elaborado mensualmente, pero, cada día, con mucha probabilidad, será necesario confirmarlo o modificarlo en base a posibles retrasos o imprevistos, (puede que también por adelantos en las entregas, lo que no estaría nada mal).
Con respecto a las relaciones con la Dirección de la obra y con el promotor, sería oportuno estar siempre presente en las reuniones que se hacen durante los trabajos, lo que es fundamental para resolver problemas tanto de carácter técnico como económico.
Deberíais buscar siempre una solución en tiempo real a los problemas que surgen durante estas reuniones, si es posible haciendo uso de vuestra experiencia, o bien interpelando a vuestros superiores para una aprobación con respecto a la continuación de los trabajos, con el fin de evitar retrasos que harían perder tiempo y dinero.

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viernes, 19 de julio de 2019

El inspector con el Corazón de Oro de Marcella Piccolo - Primeras páginas

El inspector Teddy bajó del coche pensando que, aunque todos decían que era un gran policía, a él, simplemente, (y con toda modestia) le gustaba definirse como un “policía colosal” debido a su mole bastante fuera de la media, ¡tanto en altura como (por desgracia) en anchura!
Esto, sin embargo, no le quitaba nada de su fascinación; quien se encontraba una vez con él no lo olvidaba jamás, por aquella sonrisa, un poco juvenil, que hacía a todos sentirse cómodos y creer que con él se podía hablar libremente sin temor a ser arrestado. ¡Para después encontrarse con las esposas puestas en menos que canta un gallo!
Siempre era eficiente y servicial; quien se dirigía a él enseguida lo encontraba dispuesto a ayudar para resolver problemas tanto pequeños como enormes, ¡él siempre tenía tiempo para todos!
De carácter amigable no se sustraía a la oportunidad de ponerse a charlar con cualquiera, sin olvidar, sin embargo, que era un policía y, por lo tanto, memorizando toda la información que pudiese servirle más adelante.
En fin, digamos, no obstante, que era un hombre que caía simpático a las muchachas, un poco por su mole imponente que inspiraba un deseo de protección, pero también por su manera tierna y respetuosa con que se dirigía a ellas.
A la bonita edad de cuarenta años todavía estaba soltero, quizás porque aún no había encontrado la muchacha que pudiese abrir una brecha lo bastante profunda en su corazón, o quizás porque estaba tan empeñado con su trabajo, y su tiempo estaba tan ocupado con los demás, que no se le había ocurrido ni siquiera la idea de poderlo utilizar para sus intereses personales.
Por esta razón, a no ser que fuese el amor el que tropezase con él, no se tomaría la molestia de ir a buscarlo.
Aquella tarde en la comisaría todo estaba tranquilo, nadie en la sala de espera, sólo un chaval en la ventanilla que preguntaba por los impresos para inscribirse en el curso para estudiar en la Academia.
Visto de espaldas parecía bastante pequeño, quizás demasiado joven, pensó Teddy, viendo una pequeña cabeza rubia que apenas llegaba al mostrador.
Según entró saludó al cabo, al sargento Esposito y a la sargento Micaela Contini, que lo miró respondiéndole al saludo e iluminándosele la cara como si de repente hubiera aparecido el sol en una nublada mañana de noviembre.
Micaela era una muchacha muy simpática y descarada, sabía sobrevivir en medio de tantos compañeros hombes y agradecía, en el trabajo, que la considerasen simplemente una sargento más entre los sargentos de sexo masculino. Se tomaba su trabajo como si fuese una misión, sobre todo dirigida a la defensa de las mujeres y de los más débiles, esto contribuía a acercarla al inspector Teddy por el cual sentía una admiración desmesurada.
Se oyó sonar el teléfono, el sargento Esposito respondió, parecía una llamada bastante extraña, ¡problemas a la vista!, pensó el inspector.
«¡Buenos días, inspector» lo saludó Esposito en cuanto terminó con la llamada.
«Un caso de violencia doméstica, una mujer se ha refugiado con la vecina, ¡con la cara ensangrentada porque el marido le ha dado de puñetazos!»
«¡Vamos!» dijo enseguida la sargento Micaela Contini, «¡muévete Esposito!»
«¡Calma!» intervino el inspector volviéndose hacia Micaela, «¿tiene que ir justo ella? Vigílala Esposito. ¡Esta lo mata ipso facto, sin ni siquiera interrogarlo!.»
«¡Yo no mato, Teniente! Pero una bonita lección esos tipos sí que la necesitarían, ¡Y dada por una mujer!». Mientras hablaba así ajustó en el cinturón su bonita porra y, guiñando un ojo al muchacho de la ventanilla, salió junto con su compañero.
Mientras tanto el cabo continuaba ocupándose del muchacho: «¡No! ¡No puedes!». Escuchó que decía, y el muchacho insistía:
«¿Pero por qué no puedo? Tengo... 18 años. Tenga... el carné... de identidad.»
Teddy, decidió, finalmente, ocuparse de la cuestión, después de todo, a nadie se le debe negar la posibilidad de asistir al curso para entrar en la policía. Se acercó a la ventanilla, con la intención de dar sin más los impresos pedidos pero, en cuanto el cabo se fue, vio mejor al chaval que estaba delante de él y observó que su cara estaba iluminada por dos ojos azules, pequeños y oblicuos, casi como un... pequeño... chino.
Pero no era chino, ¡era rubio! Se dio cuenta de que se encontraba delante de un muchacho enfermo de trisomía 21, lo que comúnmente llaman: Síndrome de Down.
No sabía qué decir, no quería desilusionarlo, pero ¿cómo explicar al interesado que un policía debe estar en posesión de todas sus facultades? ¡No puede enfrentarse a los criminales con una limitación física!
Decidió pasarlo por alto pidiéndole sus datos personales y de residencia, luego le explicó que el curso era lo más difícil y duro que él pudiese imaginar.
Quedó un momento hablando con él, olvidándose de las obligaciones que le esperaban, le gustaba el chaval, Roberto, se llamaba, el cual, lleno de entusiasmo afirmaba que estaba preparado para superar todas las dificultades:
«¡Yo... se hacer de policía! … ¡Yo... tengo olfato!»
El muchacho hablaba con una cierta dificultad, pero conseguía hacerse entender y, por otra parte, Teddy hacía todo lo posible por comprenderle, ya que no quería mortificarlo y, como buen investigador, ¡lo que no entendía, lo intuía!
Mientras tanto el tiempo pasaba, «ahora», se dijo Teddy «sería conveniente acompañarlo a casa. ¡No sin antes haberle dado los impresos para la tan suspirada inscripción al curso de cadetes de la policía! Luego... ya veremos.»
«Escucha, Roberto, me debo ir, ¿quieres que te lleve a tu casa en el coche de policía?»
«¡Sííí!» fue la respuesta.
Cogió el papel con la dirección y salió con él de la comisaría pensando en que, quizás en aquel instante, los padres lo estaban esperando con ansiedad, preocupados por su ausencia.

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jueves, 18 de julio de 2019

Spaghetti Paradiso de Nicky Persico - Primeras páginas

Oscuridad. Oscuridad absoluta. El tiempo está parado. Cierro la puerta del bufete. El último en salir, como ocurre a menudo.
Tampoco el ascensor, tampoco esta vez. Me deslizo con decisión por una angosta y polvorienta escalera de cemento. De esas que conducen, normalmente, a los aparcamientos subterráneos, con las franjas rojas y blancas en los bordes, las colillas apagadas y el típico olor de humedad y ambiente cerrado.
Después del último tramo de escaleras paso una puerta de hierro abierta, con la barra antipánico. La zona de aparcamiento está semivacía, despejada. Un tubo fluorescente, medio averiado, ilumina malamente algunos de sus rincones creando amplias zonas de penumbra entre las columnas y las bandas amarillas del pavimento.
Las rampas están desportilladas y marcadas por maniobras torpes. Hay aparcados dos coches.
Voy hacia el mío, enseguida, al doblar la esquina, descubro una figura inmóvil, a unos metros. Me quedo helado.
Una mujer alta. Abrigo largo, oscuro y un sombrero de ala ancha. Cabellos largos y claros.
La reconozco aunque me de casi la espalda. Nos hemos visto un poco antes, en el bufete. Luego se marchó, unos minutos antes que yo.
Está inmóvil. Con los brazos estirados empuña, con las dos manos, una pistola cromada que apunta con firmeza, con seguridad, delante de ella.
La observo y mientras tanto observo todo lo que hay a mi alrededor, como si sólo estuviese corriendo mi tiempo mientras que el resto es una imagen congelada.
Doy otro paso, en silencio. Ahora veo mejor.
El arma que la mujer estrecha con las dos manos está apuntando a alguien, todavía no visible, enfrente de ella.
Con esfuerzo distingo su aspecto: una figura femenina con abrigo oscuro y sombrero. Cabellos largos y claros.
¡Son idénticas!
También ella aferra una pistola que apunta hacia su gemela. Pero lo hace con una sola mano y tiene el cuerpo de perfil con respecto a su objetivo, como en un duelo de otra época.
La cabeza girada, alineada con el hombro derecho y el brazo levantado. Puedo intuir que observa la mira, como hace un tirador de precisión que mira una diana en el polígono de tiro.
Tres puntos alineados: ojo, mira, objetivo.
Dos mujeres armadas, totalmente inmóviles.
Realmente, es obvio, una se defiende de la otra.
Una asesina, una víctima, y luego yo: el elemento inesperado, la variable imprevista, una complicación o una suerte inesperada. Todo depende de lo que suceda de ahora en adelante.
De lo que podré hacer y si podré hacerlo.
De cómo me moveré y si lo haré.
Puedo permanecer petrificado por el miedo o inmóvil, por decisión propia. Puedo gritar, es mi instinto natural, o tirarme al suelo, o huir intentando protegerme, o dar un paso hacia ellas, o retroceder.
Puedo hacer cualquier cosa, o no hacer nada, y puede que cambie todo: la vida, o también la muerte.
Una cosa es segura, de todas formas. Una de aquellas mujeres no está sólo defendiendo su vida: también está defendiendo la mía.
Si la asesina prevalece sobre su objetivo, luego me matará también: soy un testigo.
Puedo esperar, y desear que ocurra lo contrario. O puedo actuar
¿Pero cómo?
Nadie podría imaginarse tener que decidir algo tan importante en unos pocos minutos. Y en cambio, puede suceder.
Ni siquiera yo hubiera podido imaginar hallarme en una situación parecida.
Nunca habría pensado poder ser juez, o árbitro, o un factor determinante en la vida de otras personas. Las mismas personas que, paradójicamente, eran jueces y árbitros de la mía.
Y tener que decidir en una situación de no-tiempo qué hacer. O no hacer, sabiendo que podría ser la diferencia entre vivir y morir.
El tiempo no es siempre igual.
Hay años que duran un momento, e instantes que no parecen eternos: lo son realmente. Esto es el no-tiempo.
Al lado de mí, sobre una repisa de la pared, una forma voluminosa de metal, quizás un tornillo de banco de carpintero[1], olvidado quién sabe por quién. Me había dado cuenta de su presencia por un reflejo, poco antes de pararme.
Lo cojo mecánicamente, sin pensar. Pesa por lo menos un par de kilos. Está frío.
El instinto es el espacio de un instante que no existe.
No-tiempo.

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[1]   Mordaza con la que se inmoviliza un trozo de madera, de metal u otro material para poder trabajar con seguridad.