sábado, 7 de mayo de 2022

EL GABINETE DE LAS MARAVILLAS de Alfonso Mateo - Sagasta - RESEÑA

 
Libro de misterio ambientado en el Madrid del siglo XVII, El gabinete de las Maravillas de Alfonso Mateo-Sagasta, con menos de trescientas páginas, es un texto que se lee con curiosidad y de manera agradable. Extrañas palabras, curiosidad y agradable, para un libro que comienza con el asesinato de un archivero en el palacio de un noble español. Pero así es porque, aunque la mayor parte de la gente ha oído hablar alguna de vez de los gabinetes de maravillas no todos saben que era casi una moda entre los nobles del Barroco coleccionar cosas, cuanto más raras mejor, por el hecho de poseer pero también por la avidez de conocer cómo estaba hecho el mundo, qué cosas se podían encontrar, cómo, si se quería y se podía (había que tener muchísimo dinero para coleccionar de esta manera) se podía tener en la propia casa una especie de pequeño museo para goce privado del dueño de la casa y de sus amigos.
El XVII es un siglo peculiar, hay un afán increíble por desentrañar los misterios de la naturaleza; los nobles con curiosidad, como nuestro protagonista el Marqués de Hornacho, pretendían con estas colecciones, a veces macabras, a veces insólitas, pero siempre impresionantes, llegar a comprender estos misterios, ya fuera con la colección de animáles exóticos disecados llegados de lejanas tierras, con cosas fabricadas por el hombre con materiales fuera de lo común. Por ejemplo, en la página 74, el Marqués de Hornacho dice a Isidoro de Montemayor, nuestro detective privado protagonista de esta novela:
"Conoce la sala de Naturalia, la galería principal, y esta de Lucus Naturae. En ellas se guardan animales, minerales, fenómenos procedentes de la naturaleza y objetos naturales manipulados por el hombre, como estas copas de huevos de avestruz."
En este ambiente de ilustración y extravagancia es donde Alfonso Mateo-Sagasta centra el misterio: la muerte del archivero del marqués, Gonzalo Escondrillo, encargado del cuidado de este Gabinete de las Maravillas. Tampoco puede ser una muerte normal: el hombre aparece con un cuerno incrustado en la sien izquierda.
Para escribir hay que documentarse, siempre, y si, como en este caso, el libro está ambientado en una época y en un escenario tan peculiar como estos pequeños museos privados, la dificultad es aún mayor. Sumergirse en las páginas del libro de Mateo-Sagasta es entrar de lleno en la sociedad madrileña de aquella época tan lejana para nosotros, más que lector uno se convierte en observador, en compañero de andanzas de Isidoro. Mientras leermos casi podemos tocar los objetos que se describen en el libro y recorrer las salas de la casa de un noble hasta sus más recónditos rincones. La manera de escribir de este autor es sencilla pero no vulgar, las descripciones que hace de los escenarios es minuciosa pero no cansina, las relaciones sociales que describe en el libro, el temor de Isidoro, tan sólo un hidalgo, ante el poder del marqués (muy por encima de él socialmente) y de los otros nobles involucrados en la trama, es comprensible. Pero este extraño detective privado del Barroco conseguirá descubrir el misterio a pesar de todas las trabas que aparecen por el camino. 

viernes, 6 de mayo de 2022

IULIA FARNESIA - CARTAS DESDE EL ALMA de Roberta Mezzabarba - El regreso a casa

 
EL REGRESO A CASA

Hacía poco que la barca había dejado las orillas de la isla, oscilando. Con su avance majestuoso parecía herir la superficie inmóvil del espejo de agua, sembrando, a su paso, ondas parecidas a escalofríos líquidos que se extendían para disolverse seguidamente. 
El aire rígido de noviembre se insinuaba entre las capas de los pesados vestidos, haciendo que Giulia se estremeciese, la capucha calada sobre el pálido rosto. Todo le parecía tan irreal, todo era tan increíble que parecía un sueño, es más, una pesadilla, pero en el fondo de su corazón estaba contenta por haber conseguido, por lo menos, cumplir el último deseo de su amado esposo, conduciendo sus restos mortales a su amada isla. La tramontana que azotaba furiosamente las aguas del lago el día anterior, cuando había llegado de Carbognano con el féretro del marido, parecía que se había calmado milagrosamente.
Giovanni Capece Bozzuto había muerto unos días antes y Giulia, ejecutando y respetando los deseos de su amado, inmediatamente había enviado un mensajero a su hermano, el Cardenal Alessandro Farnese, con la petición de poder sepultar a Giovanni en la Isola Bisentina, en el santuario de la familia. Pero la respuesta de Alessandro no había llegado: quizás, pensó Giulia, su hermano estaba demasiado ocupado tejiendo la tupida trama alrededor del solio pontificio para responder a un requerimiento tan necio. 
Así que esa mañana, la domina del Castello di Carbognano había organizado con rapidez la partida hacia Capodimonte para el transporte del féretro del marido a su última morada. 
Onofria y Berna, sentadas enfrente de ella en la carroza, no habían dicho ni una palabra desde que habían partido. La anciana nodriza y la joven sirvienta observaban a su señora contemplar los campos que discurrían desde la estrecha ventanilla del habitáculo: sólo la respiración regular de la domina rompía el silencio perfecto de aquel momento. 
Ya era de noche cuando llegaron a Capodimonte, ante la fortaleza que dominaba el lago. Y mientras que para Onofria se trataba de la vuelta a casa, para Berna era la primera vez que escuchaba al lago bramar por la tramontana. La muchacha se estremeció, apretujada al chal y, en cuanto descendió de la carroza en el patio de la fortaleza, buscó refugio debajo del porticado que recorría el perímetro cuadrado del cavedio. Onofria alzó la cabeza hacia el cielo e inspiró profundamente. 
Giulia, con decisión, dio rápidas órdenes a los hombres que habían transportado el féretro del marido. 
«Metedlo en una de las habitaciones que se encuentran en la planta baja y veladle durante toda la noche.» 
Acarició el ataúd con la mano enguantada antes de subir por las escaleras. 
Onofria y Berna la escoltaban, como si siguiesen un guión ya escrito. 
Por la mañana, mientras en las habitaciones de la Rocca di Carbognano se estaban culminando los preparativos para el viaje, la fiel Onofria había bajado a los establos y había enviado una avanzada a la Rocca di Capodimonte, incitando a los hombres a darse prisa, mucha prisa. 
Los caballos que llegaban al patio del palacio, espumeaban por el cansancio, finalmente libres del peso de los hombres. Los servidores de la fortaleza se enteraron así de la llegada de la domina y las frías estancias comenzaron a llenarse de ruidos, de vida: en las chimeneas crepitaban las llamas y las sábanas limpias se extendían en los lechos que la señora y sus sirvientas ocuparían. 
La fiel nodriza había dado la orden de preparar la habitación que Giulia ocupaba cuando era muchacha, en aquel palacio que la había visto nacer y crecer. 
La anciana sabía perfectamente que Giulia, ya que era la señora de la fortaleza, debería haberse instalado en el cuarto principal donde durante años se habían alojado sus progenitores. Pero Onofria sabía bien que su Iulia estaba alterada en lo más hondo por el luto que la había aquejado en los días que habían transcurrido, y no quería que los fantasmas de su vida pasada la mantuviesen despierta más de lo que era habitual en ella. 
Sonrió cuando vio a su señora dirigirse, sin dudarlo, hacia su habitación, entreteniéndose un momento sobre el umbral para, a continuación, entrar y cerrar la puerta a sus espaldas.
Giulia se reencontró con su habitación de cuando era niña, aquella cuyas ventanas estaban orientadas hacia su amada Bisentina. 
¡Cuántos recuerdos...! 
Se quitó la capa, apoyándola sobre la cama, y a paso lento se acercó a la ventana desde la cual sólo se veía la profunda oscuridad de la noche: era como si se asomase a su misma alma, puesta al descubierto y flagelada por el gélido viento. 
Se quedó durante unos instantes así, con la mirada perdida en la nada, antes de sentarse delante del tocador y dejar escapar un largo suspiro. 
Onofria llamó a la puerta con delicadeza y, al no oír respuesta, se asomó. Al ver a Iulia allí sentada, casi ensimismada, se acercó con pasos suaves. 
«Madonna Iulia ¿os ayudo a prepararos para dormir?» , le susurró. 
Sólo entonces la mujer se volvió y asintió, mientras miraba a la anciana nodriza. Ahora, por lo general, aquella tarea se le confiaba a Berna, pero Onofria deseaba estar junto a su señora, en aquella noche plagada de emociones y de recuerdos. 
«Onofria, pensaba que este día nunca llegaría, y, en cambio, aquí estoy… de nuevo viuda...» 
Los ojos de Giulia se llenaron de lágrimas: en su vida muy difícilmente podía dejar transparentar las emociones que le llenaban el pecho, pero esa noche, en ese lugar, no consiguió contenerse. 
Aquellos muros que la había visto nacer y crecer le transmitían sensaciones disonantes, de amor y de repugnancia: se sentía perdida sin su amado Giovanni. Mañana sería otro día, pero esa noche las emociones la arrollaban por oleadas, sin descanso. 
«Estar sentada aquí, en esta habitación, en este palacio, en ausencia de todas las personas que han sido parte de mi vida, de mis hermanos y mis hermanas, mi madre y mi padre, me parece sinceramente irreal.» 
Las hábiles manos de Onofria habían comenzado a trastear con las trenzas y las horquillas que mantenían en su lugar los cabellos de Giulia. Aquel contacto la hizo retroceder, a su juventud, a las horas despreocupadas pasadas dejándose arreglar la cabellera por la paciente nodriza, a los parloteos coquetos, y a la ingenuidad de su alma que todavía no conocía las intrigas y los compromisos que requiere este mundo vil. 
«Niña mía, así es la vida, encuentros y adioses, llegadas y partidas, donde la única cita verdadera es con la muerte.» 
«Y luego mi hermano Alessandro que ni siquiera se ha dignado a responder a mi carta… como si realmente tuviese necesidad de su permiso para hacer sepultar a mi marido en la Bisentina...» 
Los botones se deslizaban fuera de los ojales uno a uno, bajo las sabias y ancianas manos de Onofria: cuántas veces había hecho aquel gesto... 
«No te preocupes, Iulia, tu hermano estará ocupado con sus obligaciones, seguramente ni siquiera habrá tenido tiempo de leer tu misiva...» 
El vestido se deslizó al suelo y la mujer tembló al instante. Aquella repentina bajada de temperatura la hizo sobresaltarse, hasta el punto de meterse rápidamente el frío camisón que la anciana le estaba tendiendo. 
«Será como tú dices, Onofria, pero, de todos modos, comienzo a estar cansada de todos estos formalismos, de todos estos fingimientos detrás de los cuales se ocultan enormes precipicios.» 
Una ráfaga de viento más fuerte que las otras se abatió sobre las contraventanas haciéndolas vibrar pavorosamente. Giulia se agitó y luego volvió a tomar el hilo del discurso estrechando con dulzura las manos de la nodriza entre las suyas. 
«Sólo tú, Onofria, quedas de ese tiempo pasado. Sólo tú y un tropel de recuerdos que se amontonan en mi mente. Esperemos que mañana esta tramontana se calme.» 
Y hablando de esta manera, se deslizó entre las mantas donde Onofria había enfilado un brasero calienta camas lleno de brasas. Las sábanas templadas la envolvieron en un abrazo acogedor y consolador, al cual se abandonó. 
Giulia gozó de las atenciones que desde siempre su nodriza le reservaba. Mientas le remetía las mantas la mujer la recordó de niña entre aquellos mismos muros y, sonriendo, en silencio, se retiró.
Onofria habría querido, de buena gana, que hubiera sido Berna la que acompañase a Giulia a la Bisentina, demasiados recuerdos la ataban a aquel lugar, pero la señora era inflexible: quería que las dos mujeres la acompañasen a dar el último adiós a su amado Giovanni. 
Los pescadores del lugar habían puesto a disposición de la señora dos barcas: en una viajaría el féretro y los dos hombres que luego se ocuparían de transportarlo sobre los hombros, en la otra, tendrían cabida las tres mujeres. 
Berna, enraizada con las uñas a la tabla donde estaba sentada, temblaba por el frío y por el equilibrio inestable en el que tenía la sensación de encontrarse: era la primera vez que dejaba la tierra firme para aventurarse sobre un espejo de agua. Observaba a su señora, de pie, justo sobre la proa mientras observaba la isla que se acercaba con cada palada de los remos. El hombre al mando de la barca, el rostro quemado por el sol a pesar de la fría estación, ahondaba con fuerza el remo de madera en las aguas hasta henderlas y elevar salpicaduras de agua helada. 
Miles de recuerdos llenaban la mente de la viuda: volvía a pensar en las veces que había encontrado refugio en la isla, cuando las emociones de su alma eran demasiado poderosas para ser dominadas, volvía a pensar en el tiempo pasado y en el estrago que el mismo había hecho en las voluntades y los deseos ajenos. 
Pensaba en Giovanni y en el respeto que él siempre le había mostrado. Reflexionaba sobre si misma y su trayectoria y, prisionera de estos pensamientos, no se dio cuenta de que la barca había llegado entre los dos majestuosos robles que señalaban el desembarco sobre la isla. 
El pescador que las había conducido a la isla, en cuanto aseguró los remos a bordo, saltó sobre el pequeño embarcadero en el que habían atracado, haciendo que bailase pavorosamente la pequeña embarcación. 
Berna hundió todavía más las uñas en la tabla mientras que el hombre tendía la mano callosa y seca a Giulia, ayudándola a bajar, seguida por Onofria y Berna.

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viernes, 29 de abril de 2022

GUERRA SENZA CONFINI di Kate Mosse - RECENSIONE

Comincio con una citazione tratta dal capitolo 52, sono delle parole che Evreux – Vidal dice al suo figlio Louis: 

“L’umanità desidera costantemente essere ingannata. Tutti gli uomini sono degli stolti. Le parole giuste pronunciate in una preghiera, abbastanza monete date durante la questua, l’adorazione di una reliquia investita del potere trasformare vite misere e indegne. Tuttavia, ciò che si può compiere…” 

Questa è una delle molte citazioni che mi hanno colpito, ho scelto questa proprio perché è un riassunto del pensiero non solo di Vidal anche, quasi sono convinta, di molti prelati di quella epoca, il XV, dove la santità dei clerici era messa in discussione spesso e, quindi, una grande parte di loro cercavano un’altra strada. 
Questa è stata la ragione fondamentale della Riforma. Questa epoca convulsa di Martin Lutero, Calvino e altri personaggi che pensavano che la corruzione della Chiesa di Roma era palese e c’era bisogno di una rivoluzione che diventasse un ritorno alle origini del Cristianesimo. 
Ciò che i libri di storia del Liceo non mi hanno insegnato l’ha fatto questo di Kate Mosse con GUERRA SENZA CONFINI. Ma questa non è la ragione principale per cui mi è piaciuto il libro. Personaggi rotondi e una ambientazione accurata sono delle cose fondamentale affinché un libro possa essere letto con una certa leggerezza ma anche un ritmo non pesante, una storia al vecchio style, lineale, dove i personaggi si intrecciano perfettamente in una trama che ti prende con ogni pagina letta.

domingo, 3 de abril de 2022

CONSPIRACIÓN COVID de Pier Read - Primeras páginas

PRÓLOGO
La historia tiene unos orígenes lejanos. 
Estamos en el Triásico, hace unos 200 millones de años. 
El planeta está cubierto, en gran parte, por un mar poco profundo que presenta en algunas zonas unas lagunas y calas donde el agua se ha convertido en un auténtico caldo de cultivo rico en compuestos orgánicos. 
Pasan los años, los siglos, los milenios. La bazofia ha producido la vida que se manifiesta en distintas formas, que va desde aquellas unicelulares pasando por formas de aglutinación más complejas, hasta auténticos seres vivos.  Este es el ambiente en el que progresé. 
Me llamo Venux, formo parte de una colonia de mis iguales; nosotros los virus nos movemos siempre en colonias. El nuestro es un organismo sencillo pero complejo al mismo tiempo. Estamos dotados de inteligencia, si la podemos definir de esta manera, ya que llevamos a cabo tareas que se han sedimentado y memorizado dentro de nosotros y que sólo un ser inteligente puede cumplir. 
Nos hemos desarrollado adaptándonos al ambiente. Durante un largo período nos vimos obligados a escondernos bajo la espesa capa de agua y lodo para huir de los letales rayos ultravioleta que hacían estragos sobre la superficie del mar. 
Mientras tanto los milenios pasan. Observamos que Madre Naturaleza sigue adelante sin parar permitiendo la evolución de seres que se adaptan a las cambiantes condiciones ambientales. 
Las especies que no se aclimatan desaparecen enseguida, las más adaptables resisten, para ser, a su vez, sustituidas por otras todavía más resistentes. 
Es una lucha continúa donde el más fuerte o el más adaptable vence y se multiplica, se reproduce y coloniza los espacios. Los otros son aniquilados y dejan rastros de su paso sólo en los fósiles que un día harán enloquecer a los estudiosos. 
Nuestra especie, que un día unos frágiles y extraños bípedos llamarán Covid 19 o Coronavirus, tiene a sus espaldas millones de años de evolución. Nos hemos reproducido millones de veces durante las cuales hemos perfeccionado nuestros mecanismos de supervivencia. 
Estamos buscando un organismo complejo dentro del cual instalarnos. 
Por desgracia Madre Naturaleza no nos ha suministrado los medios para podernos mover autónomamente. Nuestro cuerpo es fuerte pero delicado al mismo tiempo. 
Necesitamos un animal que actúe como protección y como medio de transporte. 
Finalmente, después de infinitos intentos, todos acabados mal para el animal donde habíamos buscado refugio, el cocodrilo ha resistido perfectamente, es más, no se ha dado cuenta de nuestra presencia. 
Para nuestras exigencias es el mejor alojamiento posible. 
Es un animal que vive tanto en el agua como sobre la tierra, respira, algo esencial para nuestra supervivencia; el aire que el reptil introduce con la respiración es el mismo que nos permite permanecer vivos. 
En los otros organismos en los cuales nos hemos introducido siempre hemos puesto en crisis su sistema respiratorio causando su muerte y, por lo tanto, también la muerte de la colonia que allí se había instalado. 
Pasan más milenios, infinitas colonias nuestras se han instalado dentro de las vías respiratorias de los cocodrilos, los cuales representan también un excelente refugio y protección. 
La confirmación de la validez de la elección ha tenido lugar en ocasión de una tempestad de rayos cósmicos que ha decretado el fin de muchas especies de seres vivos. Los cocodrilos han escapado a la matanza refugiándose bajo el agua, emergiendo sólo para respirar. De esta manera incluso nuestras colonias han sobrevivido. 
Pasan muchos millones de años, estamos en el Jurásico. 
Nuestro refugio se ha demostrado cómodo y bien ventilado, el animal se mueve a menudo, permitiendo a nuestras colonias llegar hasta otros cocodrilos, cuyas vías respiratorias todavía no están ocupadas. 
Sobre la tierra firme están desarrollándose los dinosaurios, animales que de milenio en milenio se están volviendo cada vez más grandes y aparatosos. 
La evolución de muchas especies se ve obstaculizada y, de vez en cuando, impedida por la presencia de estos gigantes. Los cocodrilos, en cambio, escapan a su dominio ya que, en caso de necesidad, se refugian en las aguas de lagunas fangosas. 
Desde hace unos milenios han comenzado a circular los mamíferos. Son extraños animales que amamantan a sus crías. 
Son pequeños, viven dentro de cavernas excavadas en el terreno y, por lo general, se alimentan de raíces, de tubérculos y, de vez en cuando, de unas pocas lombrices que consiguen capturar. 
Llega el Cretácico. 
Los dinosaurios llegan a su máximo desarrollo. Están dominando toda la tierra firme, muchos de ellos evolucionan, modifican su modo de vivir, algunos realmente llegan a ser colosales. 
Desde nuestro refugio dentro de las vías respiratorias de los cocodrilos observamos el planeta y cómo ha cambiado con respecto a la época de nuestros orígenes. 
Los dinosaurios no tienen enemigos capaces de impedir su desarrollo, a excepción de unos pocos de ellos que, con el tiempo, se han convertido en carnívoros. 
El planeta está prácticamente ocupado por estos obtusos gigantes. 
Devoran cantidades impresionantes de vegetación, comen brotes frescos que consiguen atrapar gracias a sus larguísimos cuellos, abaten árboles con el simple movimiento de la cola. Sus excrementos son tan ácidos que logran destruir cualquier vegetal con el que se ponen en contacto. 
Su presencia es tan invasiva que no permite la diversidad, donde están ellos, sólo unas pocas especies encuentran espacios marginales para sobrevivir. 
Por donde pasan ellos dejan destrucción, convierten el terreno en árido y muerto; transcurren mucho tiempo en las aguas de los ríos que convierten en turbias e imbebibles para todas las otras especies vivas. Contaminan el ambiente impidiendo la biodiversidad. 
Madre Naturaleza nos ha creado para hacer posible la diversidad de las especies, nosotros representamos, de alguna manera su brazo armado
La situación creada por los dinosaurios se ha convertido en insostenible. 
Estamos convencidos de que Madre Naturaleza nos ordenará intervenir. 
Finalmente la orden llega. 
En pocas semanas nuestras colonias se multiplican y transportadas por los cocodrilos llegamos a los lagos y los ríos donde a estos gigantes les gusta estar. 
Nuestro ataque es rápido y letal. 
Entramos en sus vías respiratorias. En unos pocos días los gigantes ya no consiguen respirar, sus aparatos respiratorios están como calcificados y por centenares, luego por miles, finalmente millones de ejemplares se desploman en el suelo, muertos. 
Es una matanza de dimensiones inimaginables. 
Montañas de carne permanecen pudriéndose bajos los cálidos rayos del sol. El gas que se produce por su descomposición hace que el aire se sature de metano de tal modo que crea un efecto invernadero que hace aumentar la temperatura media del planeta. 
Deben pasar siglos antes de que todo vuelva a la normalidad
Los dinosaurios han desaparecido completamente del planeta Tierra. 
Estamos orgullosos de haber llevado a cabo la tarea para la cual Madre Naturaleza nos ha creado. Nuestro objetivo es eliminar posibles especies de seres vivos que intenten monopolizar el planeta, que quieran dominarlo y, sobre todo, que echen a perder el Medio Ambiente. 
Si en el futuro otra especie quisiera repetir el error de los dinosaurios, si creyese ser la dueña del mundo y de sus recursos y si manipulase o modificase el medio ambiente, nosotros estaríamos preparados para intervenir. 
Pasa sólo un milenio, el planeta sufre un acontecimiento catastrófico. 
Un meteorito, un gran cuerpo rocoso, se abate sobre la sutil corteza terrestre. 
Los efectos son terribles, en el mar se producen olas de una altura de centenares de metros que azotan la tierra firme. Después del impacto espesas nubes de polvo impiden que los rayos del sol lleguen al suelo que, por lo tanto, se enfría; gran parte de la vegetación desaparece y muere. 
Son necesarios muchos siglos antes de que los pocos seres supervivientes al terrible acontecimiento astral consigan salir de sus refugios y, tímidamente, comiencen de nuevo a colonizar el planeta. 
En un futuro lejano se tenderá a creer que la extinción de los dinosaurios haya sido obra de la colisión con el asteroide. En realidad, éstos ya se habían extinguido antes, a causa de nuestra intervención. 
Nosotros, Venux, hemos conseguido sobrevivir a la catástrofe cósmica. 
Nuestros amigos cocodrilos han superado la crisis refugiándose en el agua cuando lo necesitaron y saliendo cuando las condiciones lo permitían. Naturalmente no todos escaparon a la catástrofe y, por lo tanto, también nuestras colonias fallecieon junto con ellos. 
Pasan otros miles de años. 
Madre Naturaleza está preparando una alternativa a los cocodrilos que, si bien han demostrado ser perfectos para alojarnos, no son suficientes. 
La alternativa la constituyen los murciélagos, en cuyas vías respiratorias conseguimos proliferar en un ambiente protegido, incluso porque esta especie transcurre los días en las cuevas, por lo tanto, a salvo. Si ellos están a salvo, también lo estamos nosotros. 
Han pasado más de sesenta millones de años desde el ataque a los dinosaurios. 
Nuestras colonias no han encontrado otros alojamientos tan confortables y protegidos como los cocodrilos y los murciélagos. 
Durante este largo período de tiempo sólo una vez hemos sido reclamados por Madre Naturaleza para intervenir contra una especie de pequeños y famélicos roedores. Éstos habían invadido el planeta, destruyendo y devorando todos los árboles hasta las raíces, comiendo las verduras, la fruta, hasta los arbustos espinosos. 
Como siempre, nuestra intervención ha sido rápida y letal. 
Un nuevo mamífero está manifestando actitudes y capacidades insólitas. 
Es un bípedo feo y pelado que poco a poco está poblando gran parte de la tierra firme. 
En su largo proceso evolutivo ha cambiado de aspecto, color de la piel y otras características que lo convierten en único entre los mamíferos. 
Tiene actitudes singulares, se comunica con sus semejantes utilizando los sonidos que emite desde su boca. 
El comportamiento del bípedo, al que llamaremos Homo, cambia continuamente, hace poco descubrió los beneficios del fuego, un extraño fenómeno que nos preocupa. 
El bípedo, en cambio, ha aprendido a dominarlo y a usarlo, tanto para superar las noches frías como para cocinar la carne que de esta manera se convierte en más tierna y digestiva. 
Nuestro instinto ancestral nos dice que este Homo podría representar una novedad absoluta o ser un experimento de Madre Naturaleza que quizás quiere probar un nuevo modelo de ser vivo. 
Pasan muchos milenios, la especie Homo se ha extendido de forma generalizada en casi toda la tierra firme. Durante la colonización ha modificado muchas de sus características. 
Se ha adaptado al medio ambiente de manera extraordinaria, es blanco en algunas zonas, negro en otras o amarillo en otras. 
Su capacidad de adaptación es única, modifica su comportamiento en función de las condiciones ambientales donde vive. 
Durante muchos milenios se ha movido de un sitio a otro. 
Se queda en una zona hasta que ésta le brindaba comida para sobrevivir, hasta que los vegetales, las verduras, los frutos satisfacían sus necesidades para, a continuación, moverse a otras zonas. De todos modos, las migraciones sucedían a lo largo de los ríos o en zonas no demasiado alejadas de los cursos de agua. 
Desde hace unos pocos milenios el Homo ha inventado un artilugio, la rueda, que será la base y el eje de futuros e increíbles cambios. 
Nuestro veredicto es que el Homo es un ser vivo débil y sin preparación para competir con los otros seres vivos que ocupan el mismo territorio. No es rápido, no tiene colmillos, no tiene garras, a pesar de todo está comenzando a dominar las áreas donde se instala. 
Desde hace poco ha dejado de moverse de un lado a otro, la presencia de ríos o riachuelos ha inducido a algunos grupos a instalarse en sus cercanías transformando su vida de nómada en sedentaria. 
Comienzan a surgir grandes centros habitados que atraen constantemente a más individuos. 
El Homo ha comenzado la lenta, pero invasiva, modificación del medio ambiente. 
Es la primera vez que una especie intenta adaptar el medio ambiente a sus necesidades. 
Desde nuestro punto de vista se trata de una evolución terrible, quiere decir que el medio ambiente está en peligro. 
Nosotros, Venux, observamos todos sus comportamientos y comenzamos a preocuparnos. 
Desde hace unos milenios el planeta Tierra se ve afectado por periódicos fenómenos de glaciaciones. 
En los últimos doscientos mil años se han verificado muchos de ellos durante los cuales los mares han disminuido incluso cien metros, dado que mucha agua ha sido succionada para convertirse en hielo. 
Está en curso uno de estos acontecimientos. Las tierras emergidas en parte están cubiertas por un estrato de hielo que en algunas zonas supera el kilómetro de grosor. Su peso es tan alto que ha provocado una inmensa presión sobre la sutil corteza terrestre. 
Para nosotros, Venux, es un período de difícil supervivencia. 
Muchos cocodrilos han muerto porque el agua de los ríos que representa su medio ambiente ideal se ha solidificado, frenando cualquier posibilidad de vida. 
Lo que nos asombra es que el animal menos equipado y preparado, el Homo, en cambio, está resistiendo bien el terrible frío. 
Muchos grupos se han trasladado a zonas menos frías, han aprendido a cazar con método y de la caza extraen la carne de la que se nutren y las pieles con las que se protegen. 
La glaciación dio lugar a la bajada del nivel del mar, de esta manera los bípedos, en su continúo afán de explorar nuevos territorios, han atravesado desniveles ahora secos, un tiempo recubiertos por los mares. 
De este modo ha poblado también territorios que normalmente eran islas imposibles de alcanzar. Este ha sido uno de los efectos colaterales ligados a las glaciaciones, sin las cuales muchos territorios nunca hubieran sido poblados. 
En un futuro lejano muchos Homo se preguntarán cómo ha sido posible que territorios aislados hayan podido ser ocupados por sus antepasados. 
La respuesta es sencilla: debido a las glaciaciones. 
El final de las glaciaciones es una liberación incluso para nosotros, Venux. 
Los dos animales que nos acogen han recuperado su normal ciclo vital, han vuelto a vivir otra vez en territorios que ocupaban antes de la llegada del hielo. 
El comportamiento del bípedo Homo se controla cuidadosamente, ahora ya está claro que este mamífero tiene unas características muy especiales, quizás incluso peligrosas para las otras especies de seres vivos y también para el medio ambiente en general. 
Madre Naturaleza nos ha dado un bonito quebradero de cabeza permitiendo a un bípedo de esta clase proliferar. 
De todos modos, por ahora la situación está bajo control. 
A pesar de su incuria por lo que le rodea, con tal de obtener beneficios inmediatos, los daños que crea este ser pequeño y feo, pelado y arrogante todavía se pueden reparar sin el esfuerzo de Madre Naturaleza. 
Hay situaciones y comportamientos realmente inaceptables; si dependiese de nosotros, Venux, ya habríamos intervenido eliminando a este monstruo. 
Desde hace unas décadas hay grupos de Homo que practican un tipo de caza imposible de aceptar. 
Rodean las manadas de herbívoros prendiendo fuego al prado de tal manera que asustan a los animales y, en fin, utilizan ramas resinosas encendidas, empujan a las manadas de centenares de animales dentro de profundos agujeros o barrancos. 
Es un tosco sistema que hace que mueran, entre atroces sufrimientos, muchos animales, de los que, a continuación, los bípedos extraen sólo pequeñas partes para las necesidades alimentarias de unos días. 
Los bípedos no dejan de asombrarnos. 
Desde hace unos siglos se ha instalado en las orillas de grandes ríos, sobre cuyas orillas ha comenzado a edificar edificios utilizando piedras, convenientemente trabajadas. 
Además, en las inmediaciones de estos centros urbanos ha descubierto el cultivo de algunas semillas, que si son enterradas, después de unos meses se reproducen, multiplicándose. 
Ha nacido la agricultura. 
La posibilidad de obtener la comida cultivando el terreno estando cómodamente alojado en sitios fijos dio un fuerte impulso al aumento del número de individuos de la especie. 
Su presencia, aunque ahora ya la especie ha asumido formas y colores muy distintos entre ellos, se ha difundido por todo el planeta, incluso las áreas más inhóspitas pueden incluir grupos de este bípedo. 
Los hay amarillos, negros, blancos y toda una serie de matices intermedios de color de piel. 
Todos tienen un común denominador: pertenecen todos a la misma especie, son todos Homo, aunque algunos creen ser más Homo que otros. 
Grupos de Homo han comenzado a intimidar y ejercitar el dominio sobre otros grupos recurriendo a la violencia, el carácter feroz de algunos prevalece a costa de otros. 
En el momento oportuno ya pensará Madre Naturaleza en restituir el buen sentido a los bípedos que, mientras tanto, se han convertido en arrogantes, procediendo a nivelar también a aquellos que al mismo tiempo piensan que son unos privilegiados. 
Por el momento Madre Naturaleza no parece que quiera intervenir. 
Pasan los años y pasan los siglos. 
Todos los continentes del planeta están poblados. 
Los Homo se han distribuido por todas partes, no existe un territorio donde no haya un grupo de bípedos arrogantes y feroces. Están preparados para desencadenar agresiones, eliminar a sus semejantes, modificar el medio ambiente, talar árboles seculares, matar animales y otros actos terribles. 
Las poblaciones se han desarrollado numéricamente y sobre todo parece que hayan encontrado nuevos estímulos, han comenzado a ocuparse del arte. 
Algunos de ellos han creado y están impulsando auténticos centros de instrucción, de los que salen artistas capaces de trabajar la arcilla para obtener artículos de ejecución exquisita, incluso otros han aprendido a esculpir el mármol para obtener reproducciones muy parecidas a los seres humanos. 
En una localidad, que un día se llamará Atenas, ha tenido lugar un auténtico accidente que ha involucrado a algunas colonias modificadas
Durante los últimos siglos, muchos de nosotros hemos sufrido unas variantes que han modificado profundamente nuestro modo de ejercer el control para el que hemos sido criados. 
Las colonias en cuestión, en un cálido verano, salieron de las vías respiratorias de un grupo de cocodrilos que estaban al fresco, semi sumergidos en las aguas de un río. 
La salida de las colonias de su refugio natural tuvo lugar en un momento en el que en las orillas del río había un grupo de jóvenes que buscaba refrescarse debido al calor. 
Ninguno de ellos se ha dado cuenta de que entre las cañas, en gran parte sumergidas, había cocodrilos. 
La salida de las colonias desde las vías respiratorias y la entrada en las de los jóvenes bípedos ha sido sencilla y facilitada por la cercanía, por el clima cálido y por el aire tranquilo. 
Una combinación letal que ha permitido la transmisión del virus, en unos pocos días, a una multitud de humanos. 
Estamos en el año en que los humanos un día computarán como el año 430 a. C. y la enfermedad será catalogada como fiebre tifoidea
En realidad fue una colonia nuestra modificada que huyó de su cotidiana actividad hecha sólo para sobrevivir y reproducirse, y casualmente fue a parar dentro de las vías respiratorias de los homínidos. 
En el transcurso de dos años, los Venux modificados acabó con la vida de cerca de la mitad de la población de Atenas y alrededores. La fuerte capacidad virulenta de la enfermedad, si por un lado mató a un número elevado de personas, por el otro ha tenido un límite. 
De hecho, desde el momento en que la colonia entró en las vías respiratorias del bípedo, hasta el momento de su muerte pasaban sólo dos o tres días. 
La rapidez de la acción también fue la razón de la interrupción de la pandemia, de hecho los posibles portadores de las colonias morían antes de haber tenido la posibilidad de transmitir las mismas a los sujetos sanos. 
Nosotros, los Venux originales, conocemos perfectamente este mecanismo. Sabemos que, desde el momento del contagio al de la muerte deben pasar por lo menos veinte días. De esta manera se proporciona tiempo para conseguir que el individuo pueda moverse, desplazarse y, por lo tanto, transmitir nuestras colonias a los individuos sanos. 
En un pasado lejano también nosotros, antes de consolidarse mutaciones y variantes, comprobamos que la acción debe ser lenta, de manera que nuestras colonias puedan tener tiempo, para que se reproduzcan y luego se difundan. 
Nos sucedió algo parecido con los dinosaurios, cuyo primer ataque falló justo por la rapidez de los efectos. 
Hemos debido esperar casi un millón de años antes de poder reintentar lo que luego ha sido definido como una auténtica destrucción en masa. 
En un futuro lejano, muchos estudiosos intentarán comprender cuál fue la causa de la epidemia de Atenas y del tan elevado número de víctimas. A nadie se le ocurrirá jamás que fue una cepa modificada de nosotros, Venux, quien actuó de manera tan rápida y letal. 
Después de la epidemia del 430 a. C., Madre Naturaleza nos ha impuesto a todos los Venux una serie de restricciones y controles. Sólo ella puede autorizar agredir a posibles víctimas. 
De todos modos Madre Naturaleza se permite el crear situaciones nuevas, ella misma debe probar acciones de las que no conoce el resultado y los efectos, sino después de que han ocurrido. 
A la luz de las imposiciones de Madre Naturaleza, nuevas cepas se desarrollan, se modifican, se multiplican, sustituyen a aquellas existentes. 
Naturalmente todo esto sucede en un período de tiempo que, para nosotros, Venux, es breve pero que para los Homo puede parecer larguísimo. 
Después de la extinción de la cepa modificada que había golpeado Atenas, pasan casi dos siglos antes de que otro caso de pandemia se propague de manera igualmente virulenta. 
Alrededor del año 250 a. C. se propagó una variante huida al rígido control de los Venux. Esta vez fueron los murciélagos los que hicieron de vehículo de propagación. 
Los homínidos lo han denominado Peste de Cipriano por el nombre de un individuo de la época que describió los efectos de la enfermedad. A causa de esta pandemia, en el período de máxima expansión murieron unas cinco mil personas al día. 
En los siglos siguientes hubo otras circunstancias en las que pequeñas colonias escaparon al control, infectaron a humanos, los cuales, en casi todas las circunstancias, cayeron como moscas. Nosotros, Venux, también tenemos una teoría por la cual periódicamente los homínidos se ven afectados por las epidemias. 
Está claro que nosotros y nuestras cepas modificadas representamos la chispa desencadenante que produce el incendio pero existen condiciones objetivas que no dependen de nosotros. 
En concreto, en el curso de la evolución humana, observamos que el número de individuos varia mucho de un período a otro. 
Sustancialmente hemos comprobado que el número de persona crece, crece y crece y luego, de repente, nuestras colonias encuentran terreno fértil para difundirse de manera virulenta. ¿Qué sucede realmente? 
Sucede que cuando la población crece más allá de toda medida, los recursos disponibles, sobre todo la comida, no son suficientes para todos, por lo tanto algunas poblaciones comienzan a sufrir hambre, los niños son los primeros en desnutrirse, los ancianos se debilitan. 
En estas condiciones, incluso una colonia que en otros momentos no haría ningún efecto concreto sobre la población, de hecho se convierte en letal para personas débiles y carentes de defensas. 
Nosotros, Venux, no somos responsables de todas las epidemias que de vez en cuando afligieron a los humanos. Nuestra tarea es mucho más importante y articulada. Nosotros debemos salvaguardar el medio ambiente y su equilibrio, no podemos ocuparnos de insignificantes episodios locales. 
Ahora comienzo la historia de nuestra existencia durante los últimos cuarenta años. 
Queremos mostrar cómo los humanos han intentado instrumentalizar nuestras capacidades y actitudes, alterando nuestros comportamientos y modificando la misión de la que somos portadores por encargo de Madre Naturaleza.

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